Cadáveres de la 277

Como todos los años, diciembre es mes de celebración para la peña Vino Por Placer. Con manteles largos y copas flauta además de las habituales, nos dispusimos a catar 6 borgoñitas que quitaban el hipo.

Chassagne-Montrachet Edoard Delaunay 2020. Esta denominación reúne 180 hectáreas de vides, a una altura de entre 220 y 240 msnm. Al sur de Côte de Beaune, suelo de piedra caliza con algo de roca arcillo-calcárea y arena. También famosa por sus pinots, pero famosa por ser parte del Triángulo de Oro de los chardonnay. Delimitado por Meursault, Chassagne-Montrachet y Puligny Montrachet, que producen los blancos más buscados del mundo.

Este vino, el primer blanco, es de color amarillo dorado, brillante y fluido. Huele a piña, notas de pera y mantequilla. Paso firme que se mantiene hasta el final. Con una acidez extraordinaria; un armazón como pocos. Para una caja y descorchar una botella cada año.

Olivier Lefalire Mersault 1er Cru (Charmes) 2015. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a sidra, pera, mandarina, con un fondo especiado. En boca va de más a menos, equilibrado y con un fondo mineral. Para media caja.

Vosne-Romanée 1er Cru Les Petits Monts 2014 Domaine Georges Georges Noëllat. Color teja, de capa baja y velado. Este Vosne-Romanée huele a ciruela madura de la mejor calidad, Piel de Rusia. De acidez y tanino equilibrados. Para media caja.

Dugat-Py Gevrey-Chambertin Premier Cru 2011 etiquetado como Vieilles Vignes con una edad media de 65 años y las más antiguas más de cien. Como decía un buen amigo: «últimamente han plantado muchas viñas centenarias». No hay un consenso sobre la edad de las vieilles vignes, aunque podemos pensar en vides de 25 años o más, palabrita asociada a la calidad de los mostos, y por ende a los vinos. No lo pongo en duda en esta región, me es difícil pensar en la viabilidad comercial de tener un viñedos con vides centenarias, su rendimiento debe ser bajísimo, pero a estos precios… Color rojo carmín, capa media, el primer golpe es flor de Jamaica, fruta negra madura y notas de panadería. Tanino sedoso, alcohol integrado y una acidez que le da mucha estructura, de final astringente. Para una caja.

Eduard Delunay 2021 Vosne-Romanée le Village. Este tercer tinto proviene de Vosne, cuna de grand crus tan míticos como La Tâche y Echezeaux. Vino cuyo color fue el más intenso de todos los vinos que probamos, rubí capa alta. De nariz térrea a champiñón y musgo, con notas de ciruela negra. En boca su textura es granulosa, con taninos muy presentes, a tal grado que yo diría que tiene un final astringente. El más atípico de todos. Quizás sea su juventud, ya que para estos vinos cuatro años no son nada. Debía haberse quedado en la oscuridad de la bodega otros diez años por lo menos.

Romanée-Saint-Vivant Grand Cru Domaine Follin 2011. Todas las uvas se cosechan y seleccionan a mano, cubas de madera para la fermentación, aunque no es tan raro en Borgoña, vides plantadas en 1973. 30% roble nuevo. Un vino de capa baja, velado. Al igual que sus predecesores se trata de un vino térreo, musgo, trufa y fruta roja madura a raudales, con una nariz a flores (violetas), cerezas, de final largo. Todo en su sitio, pero en el momento de que me enteré del precio, mi cabeza comenzó a dar vueltas. Me parece que no destaca cinco veces más de lo que se pagó por los anteriores. Con ese precio debían bajar los ángeles a tocarme al oído una melodía con el arpa. He probado muchos vinos de muchas regiones y de toda la gama de precios imaginable, desde Rioja a Mendoza, desde Napa a Burdeos, pero creo que hoy en día hay un sobreprecio que poca gente esta dispuesta a pagar, yo soy el primero en la lista. Y hablar del precio sin ninguna otra razón para mostrar nuestra admiración a un vino y estar dispuesto a sacar la cartera y palmar, me parece que es quedarnos un poco limitados. El mundo del vino tiene sus meandros y muchos recovecos que una vez que se descubren no hace falta hipotecar la casa.

Para la comida, brindamos con una Tattinger Prestige Rosé, bastante vivaracha con recuerdos de fresa, de burbuja escasa y buena acidez. En esta ocasión han sido entradas de queso Brie al horno con una salsa de frutos negros, croquetas de jamón serrano y de segundo plato nos hemos servido una pasta corta y lomo a la ciruela, acompañado de una ensaladita Waldorf. De postre queso manchego semicurado y otro manchego trufado bañados con un Sauternes Chateau Guiraud 2016, de acidez exquisita y fruta amarilla confitada: durazno, y notas tropicales a piña muy madura muy concentrado, con un final eterno.

Cata 276

Publicado: 16 noviembre, 2025 en Cata
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Masua 2024 empezamos la noche con este txacoli. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, brillante y fluido. Huele a nardo, miel, con una nota al final de durazno. En boca se le nota la aguja, aunque la burbuja no es visible. Toronja blanca con una excelente acidez, para comprar una caja.

Val de Meigas 2023. Este albariño tiene al principio una notita de caramelo de cajeta, al mover la copa da espino blanco y una nota herbácea de fondo. En boca da un apretón cítrico, de final largo y mineral. Para otra botella.

Navajas 2017. Vinificado con 80% tempranillo y 20% graciano. Granate de capa alta, huele a cerezas en licor. En boca es tánico y de final amargo.

Valderivero 2020. Se trata de un riberita con pocas concesiones, bastante rústico y desenfocado. De tanino rugoso. Inmemorable con causa.

Virana 2018. Al leer la etiqueta me han sorprendido sus 30 meses en roble francés y 20 en botella. Al probarlo se comprueba su larga crianza que lo hace un vino elegante, redondo, profundo. Gabriel lo comparó, guardando las distancias, con un Tondonia joven, y creo que por ahí va su perfil, pero con un precio más comedido. Un vino interesante con fruta roja de calidad, excelente nariz y todo en equilibrio: alcohol, tanino y acidez. Un vino que no hay que perder de vista. Para comprar una cajita, y por 469 pesos, unos 25 dólares americanos, no hay mucho más que pedir dentro de los vinos con cierto sabor clásico, y no bombas frutales astringentes.

Así concluye una atropellada cata fuera de calendario y sin Tino, como orquestador del servicio, a quien su gato lo maltrato en respuesta a un pisotón en la cola. Dientes y garras acabaron por infectarle el pie. Esperamos se recupere para la cata decembrina. Abur.

Viña Tondonia cosecha 1964

Se ha borrado la añada, o más bien, se ha desprendido parte de la etiqueta debido a la humedad de la cava. Esta botella es una de dos que traje de la bodega, regalo de Ma. José López Heredia, en el año de 2005. Veinte años guardada. Y en esta ocasión Ángel (capitán de meseros), a pesar del meticuloso cuidado que procuró al descorcharla, se ha quedado parte del corcho en la botella. Acto seguido, le pedí que la decantara.

Así como siempre he dicho que los vinos deberían de guardarse en buenas condiciones para que ganen con el tiempo y descubran su magia, sobre todo aquellos que merecen la pena, como es el caso. También debo reconocer que la evolución a favor tiene sus límites. Esta memorable botella de Tondonia había empezado su camino cuesta abajo, tomando en cuenta ese momento que buscamos con mucha paciencia quienes gustamos de disfrutar los vinos en su esplendor, y no perseguimos la satisfacción inmediata después de llevar una botella de la tienda a la mesa. A pesar de que los riojas de estirpe salgan más hechos de la bodega que los burdeos, que necesitan vidrio por algunos años antes de meterles el tirabuzón.

El vino presentaba un color ladrillo con ribete ocre, velado, quizás por la decantación no presentaba mucho sedimento en la copa. Aromas de cuero, tierra mojada, fruta confitada y algunas notas de pastelería. En boca domina la acidez con un tanino limado y final medio. En realidad habría que ponerse muy exigente para no reconocer que es un vino profundo que susurra al oído todo el tiempo que ha pasado antes de llegar a este descorche. Momento para brindar en compañía de un amigo con quien he descorchado cositas tan espectaculares como un Haut Brion magnum de la misma añada que este Tondonia. Así que ya somos compañeros habituales en esta aventura, tan sacrificada, de pasar lista a añadas y bodegas de este calibre. Él por su parte trajo de su bodega un Remirez de Ganuza Reserva 2012, un jovencito muy vivaracho que demostró tener vida suficiente para evolucionar a favor por lo menos diez o doce años más. Color picota ribete rubí, brillante y fluido. Aromas a fruta negra, bosque bajo, y notas especiadas a pimienta. En boca es de tanino presente, excelente acidez y final largo. Para comprar una cajita.

Ya no quedan más vinos en mi cava de 1964 del barrio de la Estación, pero quedarán en mi recuerdo hasta que parta de este caótico mundo, así como las historias que susurra cada botella especial. ¡Abur!

Portugueses asequibles

Con motivo de la venta de vinos portugueses y españoles en City Market, he escogido el repertorio de esta cata con seis portugueses. Marcas que en mi vida había visto, y muchos de ellos a precios abajo de los 300 pesos (16 dólares).

Avelada Fonte 2023 vino verde con 9,5 de alcohol por volumen. Amarillo pálido con reflejos verdosos, algo de burbuja grande. Nariz cítrica a toronja blanca, espino verde y notas de durazno. En boca se le nota el azúcar residual y la burbuja, pero como si sólo se tratara de un cooler, falto de acidez, nada que mueva a comprar otra botella.

Faena 2023, otro vino verde, éste con 10%. Amarillo pajizo, brillante. De nariz corta, pero con más acidez. Repetible.

Abelharuco 2022 de Alentejo. Al principio tiene una nariz química, para mi a fósforo, aunque alguien comentó que el primer golpe era de acetona. Se limpia con un poco de aire dando fruta negra y poco más. Paso amargo y al final aprieta la astringencia. Quizás decantándolo abra un poco. Repetible.

Fonta da Perdiz 2020, del Duero superior. Color violáceo, huele a hollejos. Austero de final amargo. Repetible.

Catarina 2021 Península de Setúbal. Esta región está a la mitad del territorio portugués, dando su península al Atlántico. Donde se produce vino desde los tartesos, 2000 años antes de Cristo. Huele a zarzamora, cerezas en licor, es tánico y de final amargo, le falta vidrio. Repetible.

José Piteira 2022. El último ha gustado menos, nariz a panadería, fruta roja. En boca es el menos astringente, acidez comedida y alcohol integrado. Repetible.

Parece que nada de lo que hemos probado esta noche levante suspiros. Seguiré comprando nuevas etiquetas portuguesas mientras siga la oferta, a ver si cae algo que valga realmente la pena.

Mini vertical 1982 y 2010

Hace unos días me reuní en un restaurante con un gran amigo, estaba pendiente el festejo de su cumpleaños, y yo le había ofrecido llevar una botella especial. Sin ponernos de acuerdo llevó la misma marca de una añada más reciente. Se trata del Gran Reserva 809, de la bodega Rioja Alta. Me comentó que sólo salía a la venta en los años excepcionales, cuando el enólogo consideraba que podían embotellarla. Me puse a revisar en el magnífico libro de Hubrecht Duijker; Atlas de los vinos de España, de donde he transcrito algunos datos interesantes. Se encuentra en el barrio de la Estación (donde llegan los trenes) «donde tiene su sede desde 1890«. «Alrededor de la mitad de la producción procede de las 300 ha de la firma». «La madera, la vainilla y el tanino tienen una firme presencia en el 904, un rioja tradicional y robusto que se conserva bien en botella«. Eso de que se «conserva» es un término que a mí no me ha gustado usar nunca, porque el vino no se guarda para conservarse, sino para evolucionar a favor, pero de vuelta citando el libro. «Lo mismo puede decirse del 890, que puede alcanzar una madurez avanzada sin agotarse y sólo se elabora en años excepcionales. En 1990, la casa produjo otro gran reserva especial, el Centenario 1890-1990. Sin duda estamos ante un gran vino riojano de la vieja escuela que ha cumplido con creces nuestras expectativas.

Llegué al restaurante con la botella procurándole mucho mimo, ya que se trataba de un gran reserva 1982. Pedí a Ángel, el capitán de meseros, que la descorchara con mucho cuidado. Y no lo pudo hacer mejor, dudo que yo no hubiera roto el corcho. Con un sacacorchos de laminillas, que yo mismo había llevado, sacó integro el corcho que ya presentaba signos de vejez; poroso, tintado y con perdida de flexibilidad, podía preverse la posible caída de un trozo dentro de la botella, pero no fue así.

Dejé medía hora el vino en reposo, tomó aire suficiente para limpiar los aromas de reducción sin necesidad de decantarlo. A continuación lució en la copa un rojo teja, ribete ocre, poco velado. Sus aromas embriagadores a vainilla, cera de abejas, bosque, capuchino y ciruela en sazón. Una delicia que podía oler toda la tarde. En boca tiene un tanino mullido, un paso espectacular y un final largo y profundo. Un vino que obliga a reflexionar la gran recompensa que recibes cuando tienes la paciencia de esperar, y también de guardar tus vinos en un buen lugar para que completen esa magia.

En cuanto al Gran Reserva 890 añada 2011, como era de suponerse y a pesar de sus 15 años, goza de juventud, aunque ya se pueden ver esos signos del mismo ADN de su abuelo. Picota capa media, fluido y brillante. Huele a fruta negra, panadería, pimienta negra y una nota de hollejos. En boca es potente, tanino presente, buena acidez y alcohol integrado. Como para una caja.

En cuanto al maridaje, que como siempre, no pongo mucha atención: pedí una ensalada griega y unas Grilled Pork Chop: chuletas de cerdo soberbias, en su punto, pero que me parece eran suficientes como para dos personas, a pesar de que tengo buen estómago.

Mi amigo Gabriel dio cuenta de un petit filet y una crema New England Clam Chowder, servida dentro de un pan , una delicia. Ambos coincidimos que sin buscarlo, si no hizo el mejor maridaje, tampoco hizo corto circuito. Abur.

Bodega Monte Xanic (por alguna razón falta uno en la foto)

Fue hace muchos años cuando empecé a escuchar sobre esta bodega: Monte Xanic, «Xanic, del Cora nayarita, significa ‘la flor que nace después de la primera lluvia’. Con las lluvias de noviembre y diciembre, la vida florece en el Valle» (…) Una bodega que empezaba a destacar a principios de los noventa. Cómo olvidar aquel cabernet franc de etiqueta anaranjada que tantas tardes bebí con placer. Al igual que el chenin colombard con unos chiles en nogada… Después los tintos me empezaron a parecer tánicos, mucha madera nueva, era la tendencia. Ayer por la noche, y después de no hacerlo en mucho tiempo, probamos una buena muestra de esta bodega, y nos sorprendimos gratamente.

Empezamos con el Chenin colombard 2023 fermentado en acero inoxidable. Un vino limpio color amarillo pajizo, brillante y fluido. En nariz paja mojada, barro, piña caramelizada. Podría resumirlo como un vino abocado, sin perder el armazón de la acidez y que va muy bien con quesos poco curados y chiles en nogada. Para comprar una caja.

Calixa Chardonnay 2023. Amarillo verdoso, brillante. Huele a espino blanco, y una notita de durazno de fondo. Va de más a menos, acidez comedida, mineral y de final amargo. Repetible.

El tercero fue un tinto que gustó a todos. Se trata de Calixa 2023 vinificado con syrah, grenache y merlot. Rojo carmín, capa baja, huele a ciruela madura, tierra mojada y algo especiado a mejorana. Entrada potente, buen paso y final largo, tanino dulce. Muy agradable, para comprar media caja.

Calixa syrah 2023. Color picota capa media. Huele a moras, fruta negra, en boca tanino mullido, buena acidez, un vino redondo de trago largo. Para un par de botellas.

El último de la noche fue el Monte Xanic cabernet sauvignon 2022. Huele a cerezas en licor, con una notita química a acetona, hollejos. De alcohol alto, amargo, goloso, abigarrado. Quizás para la próxima decantarlo una hora antes no sea mala idea. Para darle otra oportunidad.

No quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar a nuestro campeón senior, que hizo un papel muy destacado en el torneo mundial de natación en Singapur, donde ha quedado en los diez primeros lugares en las diferentes categorías, compitiendo con exolímpicos. Nos ha mostrado sus medallas por si quedaba alguna duda. ¡Carlos muchas felicidades! eres una persona muy disciplinada y tenaz.

Quinto de la noche: un poblano

Una noche con escasa audiencia, como pocas, no recuerdo que se juntaran sólo cinco miembros. Además había escogido algunos vinos que me parecía interesante contrastar. Sobre todo el último: un vino de Puebla, que a pesar de ser el primer lugar donde llegó la vid a México, no es muy común ver vinos de ese estado en los anaqueles, por lo menos no hasta ahora.

Empezamos con un blanco vinificado con chardonnay y chenin blanc. 2V de Casa Madero añada 2024. Color verde-amarillento pálido, brillante y fluido. Huele a piña y notas de mango; un vino tropical y atractivo en nariz. En boca es mineral y frutal, con buena acidez y paso por boca, con un final largo. Por sus 397 pesos vale la pena, para media caja.

Después nos fuimos a los tintos de esta misma bodega, en Parras Coahuila. 3V 2023. Un vino de precio medio muy popular en restaurantes. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y tempranillo. Granate con menisco rubí. Huele a cerezas en licor, fruta negra y notas de pastelería. En boca es potente de tanino rugoso, final largo y astringente. Con una decantación me parece que se limarían esos taninos que enmascaran el conjunto. Para repetir.

Casa Madero Merlot 2022. Para mí el mejor de la noche, un vino con una nariz muy característica de la merlot: pétalos de rosa con notas de ciruela roja madura, notas de madera de fondo. Bastante redondo en boca con un tanino casi dulce, buena acidez. Para media caja.

Cambiamos de bodega y de región. Santo Tomás Syrah 2022. El primer golpe es a vainilla, quizás provenga de la barrica. Sólo indica: roble francés. Va de más a menos tanino y acidez comedidos, nada que enamore, un vino correcto. Inmemorable con causa.

El esperadísimo vino poblano de más de 850 pesos, no ha hecho justicia por el pecio. Entreerres 2021. Con 12 meses de crianza en roble francés. Lo primero que llama la atención es su etiqueta arrugada, «papel mojado» bastante original. Color granate pálido, apagado, fluido y velado. Nariz especiada a pimienta negra y con notas de pimiento verde. En boca pasa sin dejar huella, quizás el error fue ponerlo al último, después de haber pasado un grupito de tintos bien armados de taninos. Pero ha servido para hacer planes para visitar las faldas del volcán Popocatépetl en busca de esas tierras arenosas donde se encuentra algún viñedo perdido al igual que en las cercanías de Atlixco, quizás encontremos algo interesante ¡Abur!

Italianos básicos, vinos de mesa sin añada

Italia y su inmensa cantidad de vinos, con sus más de 350 variedades autóctonas; sus más de 300 DOC (Denominazione di Origine Controllata) es un mundo insondable casi imposible de entender con profundidad, sumado a la moderada cantidad de vinos que llegaban a México, y que por fortuna desde hace algún tiempo, cada vez pueden verse más etiquetas en los anaqueles.

El viernes descorchamos cinco vinos que al principio no me había percatado de que no tenían añada, así que se trata de la base de la pirámide de la producción, vinos de mesa sin añada. En la etiqueta aparece la variedad de uva y los escasos grados de alcohol por volumen.

Empezamos con un Trebbiano Marche de Vinícola Decordi, con sus 11 grados de alcohol. Color amarillo pálido, brillante y fluido. Huele a lima. En boca es mineral, cítrico con recuerdos de toronja blanca. Un vino ligero quizás le falte acidez.

Pasamos al Bardolino. Color rubí con aromas a fruta roja, ciruela madura y notas de madera. Corto en boca. Un nivel diferente al que acostumbran vinificar hoy en día. Como si se tratara de una miniatura, sutil con acidez, tanino y alcohol al mismo nivel. Repetible.

Barbera D´Asti. Huele a cerezas en licor, tanino más presente de todos los vinos de la noche, buena acidez, final astringente. Repetible.

Sangiovese. Color cereza. Huele a chicle de tutifruti, un vino redondo en boca, frutal y sin excesos. Repetible.

Montepulciano D´Abruzo. Color picota, vino fluido y brillante. Fruta negra con un fondo de flores. En boca tiene buena acidez y tanino limado. Repetible.

En general son vinos que tienen buena relación calidad precio.

Vino Verde, un italiano y el resto de Somontano

Aveleda 2023 Vinho Verde con 9.5%. Acostumbrado a los vinos por arriba de los trece grados de alcohol, éste parece un vinito tipo «cooler» pero con cierto encanto. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, huele a manzana verde. En boca es ligero con una acidez comedida y una sensación fresca que recuerda a la sidra. Por $290 no es descabellada su compra como para repetir.

Novantaceppi 2023 de Friuli, vinificado con pinot grigio, sin madera fermentado en tanques de acero inoxidable. La diferencia es notoria con el anterior. Pajizo brillante nariz a durazno, buena entrada en boca, acidez moderada y al final un apretón amargo, con recuerdos de agua quina. Para comprar media caja.

Montesierra 2023. Este somontano de $200 cumple con creces mis expectativas. Primer golpe a madera usada, algo de fruta negra y humo. En boca tiene buen paso, redondo y con un final largo.

Enate 2019. Sus 15 grados de alcohol son contundentes, le falta integrarse al conjunto. Huele a cerezas en licor, y una nota especiada a pimienta negra. Para repetir.

Laus 2020. Vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Un vino que ha pasado sin nada destacable, todo en su sitio pero sin enamorar. Alcohol, tanino y acidez en equilibrio, aunque el final es amargo. Repetible.

A pesar de lo menguado de mi sentido del olfato, que ya de por sí es normal, hay que agregar el humo de las quemazones en la ciudad que irritan la nariz y los ojos. Creo que a pesar de todo lo dicho, pudimos disfrutar de los vinos de esta noche.

Cata 270

Empezamos con un chardonnay de la bodega Errazuris, Panul Gran Reserva 2021. Amarillo verdoso brillante y fluido. Tiene una nariz herbácea al principio, después da un poco de piña, al darle vueltas a la copa: aromas a espino blanco, níspero, membrillo. En boca tiene buena acidez con algo de críticos, de final largo y un poco amargo. Para media caja.

Don Nicanor 2022, de la bodega Nieto Senetiner. Vinificado con cabernet sauvignon. Huele a ciruela roja madura, piedra de río y algo de pimienta blanca. En boca tiene un ligero cosquilleo, acidez comedida, tanino presente y final amargo.

Gran Coronas 2019, este vino del Penedés el primer golpe es humo, moras. Buen paso de boca y final áspero. Un poco desequilibrado, quizás falte vidrio o decantarlo media hora antes del servicio.

Marqués de Vitoria 2021 100% tempranillo y 14,5 de alcohol bien integrado. Nariz juguetona con un fondo floral, grosella y en boca abigarrado. Para media caja.

Porta 2021 también es un 100% tempranillo de bodegas del mismo nombre. Huele a pastel de frutas, fruta negra, de acidez comedida y tanino rugoso, bien integrado el alcohol. Repetible.