
Como todos los años, diciembre es mes de celebración para la peña Vino Por Placer. Con manteles largos y copas flauta además de las habituales, nos dispusimos a catar 6 borgoñitas que quitaban el hipo.
Chassagne-Montrachet Edoard Delaunay 2020. Esta denominación reúne 180 hectáreas de vides, a una altura de entre 220 y 240 msnm. Al sur de Côte de Beaune, suelo de piedra caliza con algo de roca arcillo-calcárea y arena. También famosa por sus pinots, pero famosa por ser parte del Triángulo de Oro de los chardonnay. Delimitado por Meursault, Chassagne-Montrachet y Puligny Montrachet, que producen los blancos más buscados del mundo.
Este vino, el primer blanco, es de color amarillo dorado, brillante y fluido. Huele a piña, notas de pera y mantequilla. Paso firme que se mantiene hasta el final. Con una acidez extraordinaria; un armazón como pocos. Para una caja y descorchar una botella cada año.
Olivier Lefalire Mersault 1er Cru (Charmes) 2015. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a sidra, pera, mandarina, con un fondo especiado. En boca va de más a menos, equilibrado y con un fondo mineral. Para media caja.
Vosne-Romanée 1er Cru Les Petits Monts 2014 Domaine Georges Georges Noëllat. Color teja, de capa baja y velado. Este Vosne-Romanée huele a ciruela madura de la mejor calidad, Piel de Rusia. De acidez y tanino equilibrados. Para media caja.
Dugat-Py Gevrey-Chambertin Premier Cru 2011 etiquetado como Vieilles Vignes con una edad media de 65 años y las más antiguas más de cien. Como decía un buen amigo: «últimamente han plantado muchas viñas centenarias». No hay un consenso sobre la edad de las vieilles vignes, aunque podemos pensar en vides de 25 años o más, palabrita asociada a la calidad de los mostos, y por ende a los vinos. No lo pongo en duda en esta región, me es difícil pensar en la viabilidad comercial de tener un viñedos con vides centenarias, su rendimiento debe ser bajísimo, pero a estos precios… Color rojo carmín, capa media, el primer golpe es flor de Jamaica, fruta negra madura y notas de panadería. Tanino sedoso, alcohol integrado y una acidez que le da mucha estructura, de final astringente. Para una caja.
Eduard Delunay 2021 Vosne-Romanée le Village. Este tercer tinto proviene de Vosne, cuna de grand crus tan míticos como La Tâche y Echezeaux. Vino cuyo color fue el más intenso de todos los vinos que probamos, rubí capa alta. De nariz térrea a champiñón y musgo, con notas de ciruela negra. En boca su textura es granulosa, con taninos muy presentes, a tal grado que yo diría que tiene un final astringente. El más atípico de todos. Quizás sea su juventud, ya que para estos vinos cuatro años no son nada. Debía haberse quedado en la oscuridad de la bodega otros diez años por lo menos.
Romanée-Saint-Vivant Grand Cru Domaine Follin 2011. Todas las uvas se cosechan y seleccionan a mano, cubas de madera para la fermentación, aunque no es tan raro en Borgoña, vides plantadas en 1973. 30% roble nuevo. Un vino de capa baja, velado. Al igual que sus predecesores se trata de un vino térreo, musgo, trufa y fruta roja madura a raudales, con una nariz a flores (violetas), cerezas, de final largo. Todo en su sitio, pero en el momento de que me enteré del precio, mi cabeza comenzó a dar vueltas. Me parece que no destaca cinco veces más de lo que se pagó por los anteriores. Con ese precio debían bajar los ángeles a tocarme al oído una melodía con el arpa. He probado muchos vinos de muchas regiones y de toda la gama de precios imaginable, desde Rioja a Mendoza, desde Napa a Burdeos, pero creo que hoy en día hay un sobreprecio que poca gente esta dispuesta a pagar, yo soy el primero en la lista. Y hablar del precio sin ninguna otra razón para mostrar nuestra admiración a un vino y estar dispuesto a sacar la cartera y palmar, me parece que es quedarnos un poco limitados. El mundo del vino tiene sus meandros y muchos recovecos que una vez que se descubren no hace falta hipotecar la casa.
Para la comida, brindamos con una Tattinger Prestige Rosé, bastante vivaracha con recuerdos de fresa, de burbuja escasa y buena acidez. En esta ocasión han sido entradas de queso Brie al horno con una salsa de frutos negros, croquetas de jamón serrano y de segundo plato nos hemos servido una pasta corta y lomo a la ciruela, acompañado de una ensaladita Waldorf. De postre queso manchego semicurado y otro manchego trufado bañados con un Sauternes Chateau Guiraud 2016, de acidez exquisita y fruta amarilla confitada: durazno, y notas tropicales a piña muy madura muy concentrado, con un final eterno.










